La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.- André Maurois

domingo, 9 de septiembre de 2012

Evan... (Error Humano).

Evan Van Haaren era un hombre de unos veintitantos años, alto y de complexión atlética, de pelo negro azabache y piel clara, unos profundos ojos verdes tan cautivadores que su influencia tardaba en disiparse, básicamente era realmente atractivo. De maneras caballerosas y sencillas, se veía un tipo amable y simpático, estaba un poco avergonzado por entrar en mi casa sin conocerme, lo que me decía que era algo tímido o respetuoso o ambas cosas. No sabía muy bien a donde ir ni que hacer, se pasaba la mano por el pelo y la dejaba en la nuca mostrándose despistado y despeinado también hay que decirlo, pero aumentaba aún más su aspecto despreocupado y bohemio que me parecía bastante atrayente. No negaré que suspiré. Más de una vez.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tulipanes Verdes II

Allí estaba ella, con la cara descolorida, había lágrimas que aún recorrían su magnífico cuello, dónde otras veces él se había perdido. Pero, ¿qué importaba ya? Se había marchado, sin despedidas, sin oportunidades... solo una carta. No necesitaba más que una carta para explicarle su partida de regreso a su tierra, lejos de ella y de los sueños que habían creado en el aire. 
La lluvia era intensa, no se conocía que antes hubiese llovido así a finales de verano, pero era una simbiosis perfecta con su alma, destrozada, que emanaba llanto, que rugía por dentro por el odio que sentía hacía aquel perfecto caballero. ¡Cómo le había querido! ¡Cómo le quería aún, aunque doliese!
Se sirvió otra copa de ron y caminó tambaleándose hasta la ventana, quería ver más de cerca el caos que se formaba fuera, era una gran ironía. Ella siempre resguardada del peligro en una hermosa casa señorial, mientras fuera todo pasaba rápidamente y sin vivir la vida, pero cuando decide salir de su escondite perfecto, resulta que le esperaba un ser sin corazón.
Su prima entró en la habitación sin apenas hacer ruido y se quedó unos minutos sin saber que decirle.
-Dí lo que tengas que decir y vete, Victoria.
-Solo quería saber como estabas.
-Borracha.
Victoria siguió en la puerta a la espera de que un milagro hiciera entrar en razón a su prima.
-Anabel...yo... siento mucho todo esto-ante el silencio continuó-. Creo que deberías dejar esa copa, darte un baño y salir de este encierro.
-No. Tengo que olvidarle antes de poder enfrentarme a un mundo en el que él ya no está.


(Espero que os haya gustado y siento estar taaan ausente, es que tengo los exámenes de septiembre y estoy muy agobiada, a partir del 15 soy toda vuestra! un besito y gracias por vuestros comentarios!)